Leyendo la entrada “Ministerio de Entretenimiento” del blog de Ángel Maria Herrera, me he acordado de la discusión sobre el valor que la gente le da a la cultura.

A menudo la industria, por ejemplo hablando del cine, habla del poco valor que le da la gente refiriéndose a la remunera­ción económica. Si pagas amas la cultura, si no, la desprecias. Los anuncios antipirate­ría de la industria van en tal sentido. De esa ecua­ción no voy a hablar ni falta que hace, además el consumidor está al final de la cadena, y tal vez debe­ría­mos hablar del valor que se le da a la cultura al comienzo de ella.

El entretenimiento ha sido parte de la cultura desde tiempos ancestrales. Sin embargo, hoy la mal llamada “industria cultural” basa su negocio (un enorme porcentaje de él) en el entretenimiento sin más. En que la gente mate su tiempo. Y, eh, es un modelo de negocio como otro cualquiera, pero si masiva­mente venden soluciones para matar el tiempo, no pueden escandalizarse luego porque cuando hay crisis o suben los precios de las entra­das la gente busque otra manera de pasar el rato. Si venden entretenimiento, sus productos se vuelven tan relevantes como un parchís, un dominó, una merendola, un bar…  y no pueden quejarse de que la gente no valore la cultura por ello. Peor, termina­rán convenciendo al público de que lo único para lo que sirven esos medios es para entretener, y eso sí que es peligroso.

¿Quién fomenta entonces que no se valore la cultura?

El valor se debe empezar fomentando desde el comienzo de la cadena, no esperar a ver si surge del final.