humor

El por qué de la estupidez en España

(Este es un texto que saqué de un foro hace años, pero que me parece bastante actual)

Cualquiera que lleve tiempo navegando por foros y chats de Internet o en el mundo de la educa­ción, o en las dos cosas a la vez, sabe perfecta­mente que los españoles de todas las edades pero particular­mente los jóvenes son, por término medio, más estúpidos que una genera­ción atrás. Este hecho hipotético merece un ensayo de explica­ción. Mi apuesta se basa en la influencia de los medios de comunica­ción y el caos del sistema educativo. Como eso os importa un pito daré algunos datos sobre lo primero.
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Jeff Dunham y sus muñecos

Este magnífico ventrílocuo es muy popular última­mente en Esta­dos Unidos por sus actua­ciones con muñecos de lo más variopintos. Pasen y vean, no se pierdan a…

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Historia en tándem

(uno de esos correos…)

 

El profesor dijo: Hoy vamos a experimentar con una nueva forma llamada “historia en tándem”.

El proceso es simple. Cada persona se emparejará con la persona que se sienta a su lado. Uno de ellos escribirá entonces el primer párrafo de una historia corta. Su compañero leerá ese primer párrafo y añadirá un segundo párrafo a la historia. Después, la primera persona añadirá el tercer párrafo y así sucesiva­mente. Recordad releer lo que se ha escrito cada vez para mantener la coherencia de la historia. Está absoluta­mente prohibido hablar; la única comunica­ción entre ambos miembros de la pareja la constituye lo que hay escrito en el papel. La historia termina cuando ambos estén de acuerdo en que lo ha hecho.”

Esto que sigue lo presenta­ron dos de mis alumnos de lengua: Rebecca y Gary (no voy a poner sus apellidos).

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¿Qué es eso? ¿Un templario? ¿Un illuminati? ¡No! ¡Es un tontiploster!

De las mejores parodias de programas de misterio que he visto. Lo clavan:

Ya sabe­mos de qué irá la próxima novela de Don Marrón…

Sobre España en Eurovisión

Que la canción gana­dora haya sido la de un humorista me parece un asunto menor. Habiendo visto casi toda la gala, lo que más me preo­cupa es que los demás supuesta­mente iban en serio.

Conceptos de vida emocionante

angry_old_woman.jpgLo veo cada vez que voy al supermercado, y seguro que quienes lean esto y pasen habitual­mente por luga­res de esa calaña me dan la razón. Con toda la compra en el carro, la cesta o los brazos, te dispones a pagar (aquel día sólo era el pan). Es por la mañana, con amplia presencia femenina de avanzada edad. A la misma distancia del mostra­dor pero en el extremo opuesto se encuentra una señora mayor con sus bártulos, que presumible­mente también ha terminado por allí. Se percata de tu presencia, y mirando intermitente­mente a la cajera y a ti, ceja en alto, ata cabos. La cola para pagar es larga, y nadie desea pasar allí más tiempo del estricta­mente necesario.

Alguna fuerza oculta se apodera de ella y emprende entonces una carrera de fondo visceral, elemental, en plan ella o yo: un puesto más atrás en la cola puede suponer la muerte por ina­nición (y no es broma, sobre todo porque tienen tres cajas pero sólo suelen dejar a una dependienta). Soy más rápido sin tener que esforzarme, pero la gente se abre más fácil­mente a su paso. Sorpresiva­mente, y ahí me cogió bien, le entra un repentino sobre­esfuerzo al transportar su cesto verduril y pide ayuda al tipo del final de la cola, de forma que aunque yo ya iba más cerca, el amigo ya le estaba dejando su cesta justo tras de sí. Osea, sin haber llegado ella ya tenía clavada la bandera. Cuando la super­abuela en cuestión llegó, lo hizo entre suspiros parecidos a estertores de muerte, agradeciendo al hombre el haberle llevado la cesta, y echando un vistazo furtivo a mis pies, no fue­ran a cruzar la imaginaria línea que ya existía entre nosotros.

Pero hete aquí que el hombre también se percató de que mientras ella (y los siguientes) llevaba bulto, yo tan sólo agarraba una bolsita con tres panes. Es de costumbre en el super solidarizarse con quien lleva poca cosa en la cola. Así pues, y dando por sentado que la super­abuela estaba deacuerdo, el colega me hace señas para que pase con la bolsa por delante de él. Al darse cuenta, a la entrañable señora se le corta de cuajo el resuello acele­rado que llevaba, soltando un “pasa miniño” perfecta­mente canjeable por un pisotón o una zancadilla. Al volver la mirada cuando salía de allí, la señora fulminaba con los ojos a la que le precedía en la cola, que estaba amenazadora­mente colocada en diagonal, casi a su lado.

Moraleja: la vida del jubilado es aburrida, por lo que las emociones fuertes pueden aparecer en cualquier parte. Tú pien­sas que vas a comprar el pan, pero real­mente participas en una batalla campal por tu supervivencia en la que no sabes nada. Aquel día tuve suerte. Nunca te interpongas entre una persona mayor con determina­ción y su objetivo.

Los astronautas también hacen el gamba

Igual­mente tienen derecho. Y como en La Tierra, cuando haces el gamba en La Luna también te puedes dar un ostión (a cámara lenta, eso sí). Y es que andar a un sexto de nuestra gravedad puede ser un deporte de riesgo (extraído del documental For All Mankind):

El virus de la biblioteca

Estoy usando el ordenata de la biblioteca. En el ordena­dor de al lado, hay un individuo que parece frustrado. Está en la pantalla de entrada de Windows, mirando el monitor como si contra él jugara una partida de ajedrez telepática. ¿Sabes la clave del rollo este? Me pregunta. En conserje­ría te la dan. El hombre se va y al rato regresa, con un pedazo de papel escrito. Vuelve a teclear concentrado. Chasquea la lengua, suspira molesto, apaga la pantalla y la vuelve a encender. Se ve que no le va bien. Mira concentrado el papel, luego el monitor e intenta de nuevo. Sigue manifestando sonora­mente su molestia, y el que está al otro lado, empieza a mirarle de cuando en cuando (esta­mos en una biblioteca). ¿Cómo se hace lo del guión bajo? Le explico. Entra al fin en Windows y da un suspiro de alivio. Vuelvo a lo mío.

 Chasquidos, suspiros, mal­diciones por lo bajo… otra vez. Pero lo que más me desconcierta es eso de apagar la pantalla y volverla a enceder (es como lo de mañana será otro día pero en breve). Estos son monitores burbuja de los de antes (equipos viejos), y tienen un sonido de encendido parecido al de cuando haces salir al sable láser. Y claro, ya tiene nervioso al personal. Además se mueve mucho en el asiento, es como si le picara el culo y no se pudiera rascar. Entonces le suena el móvil, y se pone a hablar con normalidad. Alguien sisea y el hombre baja un poco la voz, pero nos ente­ra­mos de toda su vida. Si, luego recojo a los pives. Nada, la mierda esta que no funciona y me tiene hasta los cojones. Su enfermedad se contagia, y todos empiezan también a chasquear, suspirar, retorcerse en el asiento –darle al monitor no, eso sí-… ¿Podrías hacer algo menos de ruido? Le dijo uno de los que ya no le quitaba ojo, y el hombre, aún con el teléfono en la oreja, le mira, nos mira a todos, mira a la pantalla, la apaga y la vuelve a encender para asegurarse, y suelta: Pues a tomar por culo la mierda esta y todos ustedes. Luego, yendo a la puerta, le oímos decir Sí, tú también, joder.

Cincuenta años de Mortadelo y Filemón

¿Alguien lo recuerda?