historia

La historia de Roma en cien palabras

En Historia Clásica han planteado un “pequeño” reto: resumir la historia de roma en cien palabras.

Mi preferido (y además en verso):

Érase una vez una ciudad por reyes gobernada.
La tiranía de estos no fue soportada,
y una Républica fue proclamada.
Italia primero, Sicilia después,
¡hasta Cartago fue dominada!
Pero Roma problemas tenía
e intentóselos solucionar el conquista­dor de la Galia,
César de la gens Julia, el Rubicón cruzando un día.
Víctima de las estoca­das dejó paso a Augusto
quién de la República empe­ra­dor proclamado,
dió el gran Imperio Romano por comenzado.
En Hispania, Britania, Germania, Egipto,
y todas las orillas del Mare Nostrum latín era escuchado.
Pero la división, la nueva religión y la barbariza­ción,
al Mundo Clásico pusieron colofón.

Leer artículo.

El cine y la historia

Lo puse en ante­riores versiones del blog, pero quiero recuperarlo puesto que sigue actualizándose. Se trata de una serie de posts del foro de cine de Meristation en el que un historia­dor desmenuza las verdades y mentiras e intere­ses subyacentes de las premi­sas de muchas películas históri­cas, para su pos­te­rior debate, redactado de forma amena y desenfadada. Muy recomendable:

  1. Buenas noches y buena suerte
  2. El Código da Vinci
  3. El Rey Arturo
  4. Egipto y el Antiguo Testamento
  5. El Reino de los Cielos y las cruzadas
  6. Los Piratas del Caribe y otros Mares
  7. Alatriste
  8. Alejandro Magno
  9. Gladiator
  10. APOCALYPTO
  11. Los vikingos en el cine
  12. Elizabeth, La Edad Dorada
  13. La tumba de Jesús (el documental de James Cameron)

¿Drácula? Ese era un mariquita…


…en compara­ción con el personaje histórico en que se basa, Vlad Draculea. Y es que chuparle la sangre a las víctimas son caricias comparado con lo que este príncipe de Valaquia acostumbraba. Leer su entrada en la Wikipedia es como leer un relato de terror en sí mismo. No le llama­ban “Vlad el empala­dor” por su afición a los pinchitos de aceitunas, precisamente.

Así que voy a desmenuzar dicha entrada un poco, para mostrar su cúmulo de virtudes…

Por ejemplo, era creativo:

A Vlad le gustaba organizar empalamientos multitudina­rios con divertidas formas geométri­cas. La más común era una serie de ani­llos concéntri­cos de empala­dos alrededor de las ciudades a las que iba a atacar, pour encourager l’esprit. La altitud de la estaca indicaba el rango que la víctima había tenido en vida. Con frecuencia, Vlad los dejaba pudriéndose durante meses. Un ejército turco que pretendía invadir Rumania se volvió atrás, aterrado, cuando encontró a varios miles de empala­dos descomponiéndose en lo alto de sus estacas, a ambas orillas del Danubio.

Luchaba contra la pobreza…

Otra de sus actua­ciones en su reinado fue cuando la pobla­ción se quejaba de los continuos robos que sufrían por parte de ladrones y asalta­dores en sus territorios, además de los pobres, que según Vlad no aporta­ban nada al país. Para erradicar esto propuso un gran festín en una gran casa de las afue­ras de las ciudades para pobres, ladrones, tullidos, lepro­sos, enfermos, pordiose­ros, en donde las grandes viandas y el vino esta­ban por doquier. Cuando ya todos esta­ban bien servidos de comida y borrachos de vino, Vlad y su guardia se planta­ron en la casa y preguntó a todos los allí reunidos si que­rían una vida sin priva­ciones ni preo­cupa­ciones y que todos los días se die­ran festines como aquel, a lo que los mendigos y demás personas respondieron que sí y que había sido el mejor día de sus vidas. Vlad les sonrió y mandó a sus solda­dos que cerra­ran todas las puertas de la casa y prendie­ran fuego sobre ella. Nadie quedó con vida. Eliminó la pobreza acabando con los pobres. Estas atrocidades se fueron repitiendo con todos los mendigos en cada comarca de su principado. Llega­ron a morir 3.600.

Bueno con los núme­ros…

mandó una carta el día 11 de enero de 1462 al rey de Hungría, Matías I Corvinus, en la que escribió que había empalado a más de 20.000 personas y lo sabía bien ya que fueron cortando la cabeza a cada uno para facilitar el recuento. Además de la carta también envió al rey húngaro dos grandes sacos con orejas, narices y cabezas de sus víctimas.

Tolerante y multicultural…

A unos mensaje­ros turcos les preguntó que por qué eran tan irrespetuo­sos y no se saca­ban el turbante en muestra de respeto ante su presencia. Los mensaje­ros respondieron que no acostumbra­ban a hacerlo. Vlad decidio reforzar sus costumbres y los devolvió a Estambul con los turbantes clava­dos a los cráneos, para que nunca se los sacasen.

Detallista…

Un buen día, un comerciante florentino se presentó en su castillo para denunciar que le habían robado una bolsa de monedas de oro. El príncipe le dijo que volviera al día siguiente. Cuando el mercader retornó al día siguiente, los ladrones y todos los miembros de sus familias esta­ban empala­dos en el patio de castillo. Frente a ellos, Vlad en su trono y la bolsa robada.

Entonces el Empala­dor le pidió al comerciante que contara las monedas de la bolsa, para comprobar si faltaba alguna. El aterrorizado extranjero las contó cuidado­sa­mente, y probable­mente demasiado asustado para mentir, musitó final­mente: –Sobra una.

Vlad le contestó: –Tu honradez te ha salvado. Si hubie­ras intentado quedár­tela, habrías acabado en la estaca más alta, junto con éstos..

Defensor del libre mercado…

Ocurrió que unas caravanas de comerciantes alemanes en su ruta desde Serbia hasta Hungría no llega­ron a pararse en Valaquia y comerciar con Vlad. Éste, al enterarse de la falta de respeto hacia él y su pueblo, mandó capturar las caravanas y asesinar a los 600 comerciantes que las componían exceptuando a dos, a uno de ellos le sacó los ojos y a otro le cortó la lengua y les hizo volver con las cabezas de los comerciantes a Serbia.

Muy sensible con lo de ser padre…

Vlad tuvo muchas amantes a lo largo de su vida, probable­mente debido al hecho de que le dura­ban muy poco. Un día que Vlad estaba de mal humor una de sus amantes le dijo para complacerle que estaba embarazada de él. Vlad le envió una matrona para que la examinase y cuando ésta le dijo que no había tal embarazo le rajó literal­mente el vientre a su amante gritando que que­ría ver el fruto de sus entrañas.

Con un sentido del humor muy refinado…

Un día cuando Vlad paseaba con un monje junto a un bosque de empala­dos, éste le dijo que el hedor era insoportable, pero se lo dijo en tono de sorna. Vlad le miró con ojos incendia­rios y ordenó que lo empala­ran en el palo más alto que hubiera. Cuando el monje ya estaba empalado el príncipe le preguntó si allí arriba olía mejor.

Muy preo­cupado por el bienestar de sus ciudadanos…

Vlad se encontró con un hombre trabajando en el campo que parecía falto de mujer por el aspecto de sus ropas. Al preguntarle si no estaba casado éste le dijo que sí. Vlad hizo traer a la mujer y le preguntó qué hacía en sus días, y ésta le dijo que lavar, hacer el pan y coser. Señalando a las ropas de su marido, Vlad no le creyó y decidió empalarla a pesar de que el marido afirmaba estar satisfecho con ella. Luego obligó a otra mujer a casarse con este hombre no sin antes amenazarla con el mismo destino si no cuidaba bien del campesino.

Muy atento con las inquietudes religio­sas…

Cuando Vlad fue de visita a un pueblo de Valaquia, vio como dos monjes le pedían limosna. El príncipe les preguntó que por qué pedían limosna si podían vivir sin penurias colaborando en cualquier iglesia y éstos le respondieron que mendigando podrían saber si iban a entrar o no en el reino de los cielos, a lo que Vlad sin más miramientos, les mandó empalar y les dijo que así sus dudas queda­rían resueltas de inmediato.

Siempre respetado por su pueblo…

También puso en una fuente de la plaza de la capital de Valaquia, Tirgoviste, una copa de oro para que todo el mundo bebiera en ella, pero aquel que la robara se somete­ría a la justicia del príncipe. Durante los años de su reinado nadie osó robar la copa de oro. Incluso tras su muerte la copa siguió durante un largo período en la fuente debido al temor que había infundado Vlad en los habitantes.

…y un poco cansado de
que le encasilla­ran con lo de “el empala­dor”…

Aunque el empalamiento era, evidente­mente, la diversión favorita de Vlad, también gozaba con la aplica­ción de otros métodos a quienes de un modo u otro le habían hecho enfurecer, normal­mente en la intimidad de sus castillos. Entre los métodos de tortura favoritos del Príncipe de Valaquia se conta­ban también la amputación de miembros, narices y orejas; la extracción de ojos con ganchos; el estrangulamiento, la hoguera, la castra­ción, el desollamiento, la exposición a los elementos o a fie­ras salvajes, el vaciado de ojos, la parrilla y la lenta destrucción de pechos y genitales, especial­mente de las mujeres.

¿Da o no da más canguelo que el de Bram Stoker? ¿Eh?