Semanas atrás hablé de un videojuego de ciencia ficción bastante cuidado para el trato que suele recibir el género en el mundo del ocio electrónico, pero esta vez habla­mos de algo más serio y trabajado, alejado de los tópi­cos marines espaciales.

Bios­hock es una terrorífica distopía ambien­tada en los años sesenta ( magnífica­mente recreada, el art deco, la música…) en la que llega­mos por accidente a Rapture, una ciudad submarina creada a medida por el excéntrico millona­rio Andrew Ryan, una suerte de capitán Nemo y Lex Lut­hor que decidió años atrás romper lazos con un mundo que creía injusto. Pero cuando llega­mos todo está patas arriba… ¿Qué ha ocurrido?

Este juego cruza esa línea en la que una trama lo suficiente­mente desa­rrollada se funde con una experiencia de juego rea­lista, y a veces no sabe­mos si esta­mos jugando una película, contemplando un libro o leyendo un juego. Por supuesto sigue siendo en parte un videojuego chapado a la antigua, con elementos incluí­dos para atraer a la masa de público adicta a los juegos de tiros, pero con productos como este se ven más cla­ras las posibilidades narrativas, combinando todos los medios, que los videojuegos pueden alcanzar en el futuro.

Os invito a que veáis vosotros mismos los prime­ros quince minutos de juego (desde que el protagonista sale a flote ya se tiene el control del mismo):

(Vale, si que­réis ver cómo sigue, aquí tenéis unos minutos más…)