Archivos de Diciembre, 2009
Los videojuegos crecen (para bien y para mal)
Dic 14
A medida que los videojuegos se modernizan, plantean los mismos dilemas que cualquier otro medio de masas. Recientemente estamos viendo cómo se convierte en un medio propagandístico más. Los videojuegos bélicos, por ejemplo, están cumpliendo el papel que cumplían tiempo ha películas como Top Gun (cuyo estreno albergaba a su salida casetas de reclutamiento del ejército estadounidense para captar a los jóvenes).
También encontramos los clichés propagandísticos del cine hollywoodiense. Lugares comunes como encarnar a marines que luchan por derrocar a dictadores en Corea del Norte o Venezuela. O luchar contra una Rusia en la que algún grupo radical o terrorista se ha hecho con el poder (los enemigos árabes son tan típicos que ni los comento). Hasta en juegos de estrategia como Trópico, podemos hacer de dictador de república bananera.
Pero son sólo juegos. ¿Sólo? Para muchas autoridades que se están apresurando a legislar sobre ello, son algo más; un canal abierto de par en par para que una potencia extranjera influya directamente en su juventud de forma más directa que el cine. Por ejemplo, en Venezuela se ha aprobado una ley que impide la venta de juegos violentos básicamente por los videojuegos bélicos. El detonante fue Mercenaries 2, el cual está ambientado en una situación de ficción en un futuro próximo en la que el jugador deberá combatir en territorio venezolano en una guerra que tiene como objetivo controlar el petróleo. Como comenta la noticia antes enlazada, una legisladora venezolana ya dijo de él que “manda un mensaje a los americanos: tenéis un peligro cerca, aquí en Latinoamérica” y un congresista añadió que “el juego puede ser una campaña del gobierno norteamericano, pues sabe cómo preparar campañas de terror psicológico para lograr que se apoyen sus objetivos más adelante“. Cinco años antes posiblemente hubiera sido anecdótico, o casi.
En Corea del Norte ocurrió algo similar con el juego Ghost Recon 2, que fue vetado, y recientemente en Rusia también con uno de los juegos con mejores ventas de los últimos tiempos: Modern Warfare 2, de la exitosa saga de juegos bélicos Call of Duty. En este los malos son los rusos, naturalmente, cuyo gobierno es engañado por un grupo terrorista (ruso) para atacar Estados Unidos. Pero sólo esto no basta para indignar a un país acostumbrado a ser el pelele malvado (junto a los nazis) de la ficción estadounidense, y menos en un videojuego, medio donde son aún más a menudo los archivillanos. ¿Qué cambia en este juego?
Esta escena. ¿El contexto? El jugador encarna a un agente estadounidense infiltrado en un grupo terrorista ruso que planea una matanza de civiles en un aeropuerto también ruso, con el objetivo de que la autoría parezca estadounidense. Debe participar para no chafar su coartada. Mejor veis vosotros mismos cómo empieza:
¿Sólo un juego? Ya no. El realismo, el tratamiento cinematográfico de las imágenes (un lenguaje que ya entiende todo el mundo) y el poder de inmersión que han conseguido los videojuegos, lo cambia todo. Pero además la trama del juego tiene más que ver con los entresijos bélicos de una novela de Tom Clancy que con la villanía caricaturesca de una película de Indiana Jones. Es un fuerte choque ficticio tanto visual como narrativo entre Estados Unidos y Rusia, que ordenó la retirada del juego y provocó irritación en el Kremlin.
Soy contrario a la censura de la ficción, y no soporto a quien la critica sólo con la que le gusta. La propaganda encubierta, por despreciable que sea, es pan de cada día en la cultura desde que el mundo es mundo, e indivisible de esta. Que ahora se esté dando en los videojuegos no es sino síntoma de su madurez como medio de expresión. No se puede patalear (o censurar) porque uno no puede (o sabe) devolver el golpe con proporcionalidad. Los medios de masas son el mejor canal de propaganda y Estados Unidos lo sabe, por eso tiene el dominio de buena parte de la industria cultural y lo mantiene protegiendo en el extranjero tan celosamente la (su) propiedad intelectual, entre otras maneras. La solución es potenciar la cultura de uno, no prohibir la de EEUU.
Pero también es verdad que preferiría sostener esta crítica en un panorama con mayor equidad. La historia la escriben los vencedores, y eso también ocurre con las guerras propagandísticas: no veremos un producto de masas como Modern Warfare 2 que explore otros lugares comunes como, buscando un esquema similar, encarnar a un soldado que participa en la defensa de un país con grandes reservas de petróleo objetivo de una invasión estadounidense impulsada por una suerte de congresistas corruptos, fabricantes de armas y banqueros que engañan (para darle el correspondiente toque de corrección política) al presidente y a la opinión pública, creándoles la ilusoria certeza de que dicho país fabrica armas de destrucción masiva, y permitiendo así dejar un gobierno títere que asegure los beneficios del posterior control del petróleo. También sería “sólo un juego”… y un escándalo diplomático cuya venta se bloquearía ipso-facto al otro lado del charco aún con más inmediatez que su contrapartida rusa. Y es un mercado demasiado grande para dejarlo de lado.
Aún queda mucho por hacer para que los videojuegos se retiren su capa de sólo para niños para los legisladores de la generación pre-atari. En el mismo mercado estadounidense, si bien da igual la violencia que pueda tener un videojuego, el sexo sigue siendo tabú. Sin embargo, estos tejemanejes ya muestran el potencial de un nuevo medio en ciernes. Quién iba a pensar en estas polémicas cuando videojuego era sinónimo de saltar sobre tortugas o cañonear amebas pixeladas que se decían marcianas.
Mi 2009 literario
Dic 12
Este año he publicado el relato Realidad Aumentada, que a juzgar por los comentarios de los lugares en los que lo he expuesto, ha gustado mucho, y como he comentado en otras ocasiones, el 26 de Noviembre vio la luz Olimpo, la tercera y última parte de la Serie Multiverso. Una antología de relatos que complementa y a la vez pone fin a las dos novelas anteriores. Lo cierto es que han sido cinco años y tres libros consolidando un universo y unos personajes, y aprendiendo muchísimo sobre cohesión y arcos narrativos. También supone el final de las sempiternas revisiones de la serie (no le deseo a nadie releer tantas veces su propia obra), creación de portadas, booktrailers, páginas etcétera. A partir de ahora estas historias vivirán su propia vida en Internet, ajenas a mi.
Por otro lado estoy ultimando una antología que recoge mis diez primeros relatos cortos, debidamente revisados y actualizados. Aún no le he puesto título. La publicará Ediciones Idea, siendo mi primer libro no autoeditado, y verá la luz a lo largo del año que viene.
En cuanto a colaboraciones, apenas comencé tímidamente en 2008, en la antología-concurso Hellinfilm en la que quedé finalista. He participado en la octava edición de la antología Tierra de Leyendas con el relato La duda, cuyo libro se publicará en breve. Igualmente, ya he podido echar un vistazo a la antología (Per) versiones: Cuentos Populares a la que he contribuido con otro relato, y que tiene una pinta magnífica. Como su nombre indica se trata de retorcer los cuentos populares para verlos desde otro prisma (en mi caso he convertido al Capitán Garfio en el protagonista de Peter Pan). La hemos creado varios escritores por diversión y promoción, y debería publicarse en pocos meses. Ya está en marcha la siguiente, (Per) versiones: Historia donde mi aportación está en revisión. Será mi primer relato con trasfondo histórico, un añadido sobrenatural a la caída de la República romana durante el alzamiento de César, desde los ojos de su no muy amigo Cicerón. Una ucronía desafiante de confinar en tres mil palabras.
Igualmente, ha cambiado mucho el panorama de la publicación en Internet. Cuando publiqué Armantia en 2005, el PDF era el rey y Cory Doctorow la superestrella. Comparando con el mundo de la música, los ebooks gratuitos (mp3) se usarían como promoción del producto final, que era el ejemplar físico (conciertos). Pero hete aquí que irrumpieron los e-readers y el ebook ha pasado a coexistir con el papel como producto final, con lo que ese modelo quiebra. Por otro lado, la estructura tradicional de publicación lucha por descentralizarse, y nadie puede asegurar dónde acabará. Por lo pronto, es probable que ponga mi próximo libro autoeditado a libre disposición en un PDF DIN-A4 para impresión casera o lectura en el monitor, para quien quiera hojearlo o leerlo porque no puede pagarlo o acceder a la plataforma para ello (ambas cosas han ocurrido con muchos –e inesperados– lectores latinoamericanos que sin embargo me han devuelto toneladas de feedback), y empezaré a cobrar por la versión para lectores electrónicos (nada que ver con las barbaridades que algunas editoriales piden por sus ebooks). Seguiré preparando versiones en papel, pero estas habrán perdido ya mucho atractivo para su compra por Internet salvo para fetichistas del papel. Hoy ya no me atrevo a pronosticar cómo estará el tema dentro de otros cinco años, no obstante seguiré escribiendo y adaptándome.
Mi infancia como escritor va tocando a su fin. ¿Por qué lo digo? Porque empecé a darle a la tecla relativamente tarde, a los veinticuatro años, con lo que he comprimido en poco tiempo toda la etapa de esos primeros textos que uno guarda en un cajón o tira a la papelera con menos edad. Los publiqué para escrutinio público (más amable de lo que pensaba) y me obligué a revisarlos infinitamente en los meses venideros. Ha sido una aproximación bastante estresante y poco ortodoxa para ponerme al día, pero ha dado sus frutos. Cinco años después escribo con mucha más facilidad y oficio, y ha desembocado en un 2009 literario como nunca antes lo tuve. Ya he empezado a escribir mi próxima novela (alejada del estilo folletinesco y aventurero de Serie Multiverso) con la que espero adentrarme en mi adolescencia literaria. Pero también espero publicar más relatos cortos (lo que posiblemente tendría que haber hecho antes de meterme en berenjenales novelescos, si atendemos al orden habitual).
Por supuesto, nada de esto hubiera sido posible sin quienes han tenido la gentileza de leerme. Muchas gracias a todos.