Archivos de Octubre, 2009

Avance de “Olimpo”

Lo prometido es deuda. A un mes de la publica­ción de Olimpo, tercera y última parte de la Serie Multiverso cuya redacción me ha llevado cinco años y muchos dolores de cabeza (y satisfacciones), cuelgo este avance para ir abriendo boca. Consiste en el pró­logo, el cual nos introducirá en los relatos de los que se compone el libro.

La publica­ción se producirá el 1 de Diciembre, en varios formatos de descarga digital y en rústica.

En la Ágora

Sabía que la película me iba a gustar (a mí me encanta el mundo clásico y la astronomía) pero aún así, tenía mis reticencias. Mucha gente se ha quejado de que es lenta. Bien, tras verla, yo no entiendo si la gente ha terminado de asimilar Transformers 2 como el ritmo que una película debe tener, o qué, pero no se me hizo lenta en ningún momento ni se me ocurre cuándo podría serlo. ¿Cuando habla de astronomía? ¿De teo­logía? ¿De historia? Quien sólo quiera entretenimiento pasará mejor el rato, sin duda, con Troya o Gladiator, pero decir que Ágora es lenta…

La película se apoya en dos pila­res bási­cos (aunque sólo se hable de uno). La crítica al fundamentalismo religioso es el primero, nítida­mente reflejado y con algunas tomas ejempla­res a las que no hace falta ni ponerles música: la cámara del revés en la biblioteca y las “hormi­gas” desmontándolo todo. Refleja el choque entre dos formas de ver el mundo, la división entre los que buscan la verdad y quienes la quieren imponer.

Al salir del cine me ha hecho gracia recordar los comenta­rios acerca de que se ceba con el cristianismo en la red, mi novia incluso sacó el tema porque se extrañó tanto como yo. El cristianismo tiene más presencia en la película porque se muestra su alzamiento, pero en absoluto sale peor parada que sus contrapartidas pagana y judía, ni siquiera son los cristianos quienes tiran la primera piedra. En la película se muestra el mal del fundamentalismo religioso en general. ¿Por qué convertir entonces a los cristianos en mártires de la ira del director, como aquí, aquí, aquí o aquí? Porque a pesar del trato correcto, hay quien se alarma porque en un producto de masas no aparezca el cristianismo extendiéndose con la predica­ción de la paz y el amor precisa­mente. De ahí la sempiterna (aunque limitada a fieles que pudie­ran ver removidas sus conciencias al ver el film, pues no pueden convencer a más) propaganda anti-Ágora desde la derecha cristiana en este país.

También me hacen gracia los argumentos infantiles, tipo que es una manipula­ción porque no todo es fiel a la historia. Lo es en la mayoría de lo que sabe­mos, y dramatiza, como película que es, en la que no sabe­mos. Una de las críti­cas más tontas (por simple e irrelevante) y más repetidas en ese aspecto tiene que ver con la edad de Hipatia, algunos hasta poniéndola cerca de los setenta años. Huelga decir que una protagonista así sería un suicidio comercial, y que no hay que ser anti-cristiano (anti-católico dicen ellos para ponerse más estrellas) para cambiar ese detalle. No es muy distinto que quejarse de que los personajes de una peli histórica luzcan dientes blancos como la leche, ¡oh, manipula­ción! Pero ellos pecan de lo mismo aquí. La edad de Hipatia no es un dato cierto, y su vida podría haber acabado tanto con sesenta como con cuarenta y cinco. Rachel Weisz, es una señora actriz de treinta y nueve años, por cierto, y en la película hay un salto temporal en el que ella sale más avejentada que en su perfil del póster de la película, que parece ser lo único que han visto algunos de los que la critican. Por otro lado, ninguno de los cambios critica­dos dejan peor a los a los cristianos (algunos de hecho, los han dejado mejor, si la muerte de Hypatia se reflejara como nos cuenta la historia, ríete de La Pasión). Es decir, han ido con el automático puesto con lo de que la película es anticristiana en general, algunos hasta recorren la red a dejar sus comenta­rios de este tipo sin nisiquiera haber visto la película. Algo que precisa­mente tras verla, da que pensar.

El otro pilar básico de la película (sepultado por el intere­sado debate sobre el primero), es la alegoría a favor de la razón, la ciencia y el librepensamiento. Amenábar juega con los conocimientos astronómi­cos de Hipatia para mostrar­nos cómo llegar al heliocentrismo ya desde la antigüedad, como Eratóstenes descubrió antes que ella el diámetro de la esférica Tierra con presición, sólo pensando y desa­fiando los conocimientos previa­mente adquiridos. Esa forma de progresar en el conocimiento del mundo que nos rodea, queda magnífica­mente reflejado en la respuesta que da Hipatia a un obispo cristiano que intenta convertirla:

Tú no cuestionas lo que crees. No puedes. Yo debo.

La inclusión de bellísimos parajes astronómi­cos no es casualidad, el germen de esta película es la astronomía. Amenábar pensó en un principio de hecho hacer una película sobre Newton o Galileo. También se refleja en los magnífi­cos planos de La Tierra desde el espacio, estampando en la cara con esa brutal humildad que puede dar la astronomía con sólo unas imágenes, el verdadero lugar y la verdadera importancia de los seres humanos, sus pajas mentales y sus disputas.

Comenta­ría como aspecto negativo, los saltos bruscos en varios momentos del montaje. Y es que a la película le dieron un mordisco de cincuenta minutos de metraje, y tramas como la de Davo se notan particular­mente castiga­das por este corte. Espero que se publique una versión extendida. Sólo por la magnífica recrea­ción de la vida en la Alejandría de la época, y sus choques culturales y religio­sos, merece la pena.

Sé que se ha dicho mucho, pero en este caso para mí no es un tópico. Esta es una película valiente, no sólo por enseñar lo que enseña en un mundo cada vez más enrarecido que se aproxima aterradora­mente a algunas de las cosas que muestra Ágora (como las teocracias islámi­cas, o los intentos para que la biblia entre en cla­ses de ciencias en potencias democráti­cas como Esta­dos Unidos), sino por el valor de Amenábar al crear la mayor superproducción cinematográfica española sobre pila­res tan poco comerciales como la crítica al fundamentalismo religioso (y no sólo el islámico, como hacen otros), convertir a una mujer en protagonista fuera de los géne­ros en los que comercial­mente suele funcionar (y con personajes masculinos no especial­mente brillantes en compara­ción), y que encima (en un país que en cada legislatura mal­trata más la libre investiga­ción) haga un alegato a favor de la ciencia y la razón, la principal víctima del cine en nuestros días.

Me parece una película que trasciende al entretenimiento. Es necesaria. Le deseo el mayor de los éxitos.

Julio Verne sobre la ciencia en España

balaNo ha vuelto de la tumba para comentar la indignante polémica, pero ya en 1865 escribió en De la Tierra a la Luna sobre la situa­ción de la ciencia en España, que como vemos, no ha cambiado ni un ápice.

En la novela, el Gun Club está reuniendo fondos por todo el mundo para la construcción del cañón que enviará a tres intrépidos viaje­ros a nuestro satélite, con diversos resultados.

Respecto a España, no pudo reunir más que ciento diez reales. Dio como excusa que tenía que concluir sus ferrocarriles. La verdad es que la ciencia en aquel país no está muy conside­rada. Se halla aún aquel país algo atrasado. Y, además, ciertos españoles, y no de los menos instruidos, no sabían darse cuenta exacta del peso del proyectil, comparado con el de la Luna, y temían que la sacase de su órbita; que la turbase en sus funciones de satélite y provocase su caída sobre la superficie del globo terráqueo. Por lo que pudiera tronar, lo mejor era abstenerse. Así se hizo, salvo unos cuantos realejos.