Leyendo últimamente tantas discusiones sobre el estado de las cosas (la muerte de la ciencia ficción, el futuro del e-book etcétera), no puedo evitar mirar en retrospectiva mi propia -corta- trayectoria dándole a la tecla y publicando gratuitamente mis textos, y reflexionar sobre lo ocurrido en el último lustro.
Hace cuatro años me dio por escribir una novela de ciencia ficcón, a partir de un relato corto que había gustado entre mis allegados. Mi pretensión era mejorar mi durante años anquilosada escritura. Fue un infierno, estuve varias veces al borde del abandono etcétera (como la mayoría de primeras novelas), y aunque dejé el final abierto, no estaba muy por la labor de repetir la experiencia salvo caso de buena respuesta. La publiqué, con una licencia Creative Commons, en Mayo de 2005 en mi blog personal y en el de Barrapunto, conocido portal de tecnología, de donde ya obtuve crítica de mi anterior relato. Me bastaba con que la leyeran unos cuantos, pues no esperaba más. Uno tiene ojo de tirano con lo suyo, y yo pensé que la novela era un poco plomiza. A un editor de la página le pareció interesante la iniciativa, así que puso mi entrada en portada esa misma mañana.
He pensado durante mucho tiempo sobre lo que ocurrió ese día (decisivo para que hoy siga escribiendo). A las cuatro horas de salir a portada, un usuario ya se la había pegado entera en el monitor, dejando su crítica (positiva). Escalonadamente fueron apareciendo más y más, y las descargas se dispararon, hasta el punto de pasar las cinco mil al acabar la semana. El choque de los hechos con mis expectativas fue brutal, tanto que más que regodearme en el éxito, me abrumé. En Barrapunto mi novela no fue la única gratuita-con-licencia-creative-commons en castellano que salió en portada, pero sí la que tuvo más repercusión entre los lectores del portal. No, en absoluto era la mejor. ¿Por qué entonces? Aunque lo intuí aquel día, hoy lo tengo claro. Se encadenaron una serie de factores.
Primero, una novela de ciencia ficción en un portal de tecnología con abundante público geek, está en su salsa. Luego, que se pudiera catar gratuitamente, debate sobre si ayuda a las ventas o no aparte, fue pieza imprescindible de lo que vino luego. Siendo un completo desconocido -y digo desconocido de verdad, ni relatos en foros literarios, ni participación en concursos, ni una búsqueda en Google ni nada de nada-, no me habría leído ni el tato por la vía editorial tradicional, caso de conseguirla. Otro punto a su favor fue la portada, me gusta mucho el retoque digital y conseguí que al menos al principio entrara por los ojos. Pasada la portada, el lector veía que “sólo” tenía 125 páginas. Y lo entrecomillo porque no había dado formato a una novela en mi vida, y la publiqué en DIN-A4 con tipografía tamaño 10 tal cual la empecé en el procesador de textos. No era tan corta, pero a la gente le dio esa impresión. La lectura era además bastante ligera y concisa, con abudante diálogo, y mi constante miedo al aburrimiento provocó por contra que fuera trepidante -demasiado, tal vez-, lo que reforzó la anterior impresión, y terminara de animar a la gente a leerla en el ordenador.
Eso lo hizo apropiado para el público juvenil, pero a su vez trataba temas más familiares para el lector curtido en ciencia ficción, y para colmo -y mi más absoluto pasmo por género y contenido- se movió muy bien en círculos femeninos, a lo que quizá ayudara que la protagonista fuera una fémina. El alcance también es llamativo: pensé sistemáticamente en el público español, pero la presencia del lector hispanoamericano se ha ido haciendo bastante notoria, haciendo que piense más en términos de idiomas que de lugares. Ha sido una pequeña alegría porque hay países en los que los libros se venden a precio de artículo de lujo, contrastando con las ansias de leer de sus gentes.
La novela no es que fuera un monumento a la perfección: como esperaba que la leyeran cuatro gatos la revisé un par de veces y adelante. Tenía un montón de errores que se convirtieron en la parte negativa de tanta difusión, no tenía claro que la gente entendiera el contexto en que la publiqué y temía que se juzgaran mis futuros escritos por ello. No es un miedo infundado: el anónimo, no digamos ya el anónimo de Barrapunto, puede ser temiblemente implacable, pero lo cierto es que los errores se me reportaron amablemente y primaron sobre ellos las virtudes antes citadas (eso sí, pasé varios meses limando el texto).
Desde entonces he publicado dos librillos más, y he empezado a meter la patita en las aguas de la remuneración económica, para ver cuán fría está y pensarme bien el chapuzón. La prudencia viene de la situación actual, ni me apellido Rowling ni mi ego da para esperar que una editorial se parta el pecho por mí, y las miserias que ganan autores de éxito en concepto de derechos de autor hace que no me valga la pena dejar mis textos en manos de determinados contratos y exclusividades ahora mismo, así que mientras tanto toca echarme obras a la mochila y conseguir lectores -algo que está saliendo francamente bien-, mientras contemplo expectante a dónde nos lleva todo esto. Ya dentro de unos años, y sin prisa, me plantearé el salto, pero con una carta de presentación muy distinta de la de aquel chico que colgó en su página web una novela de ciencia ficción en mayo de 2005.
Lo que he aprendido de todo esto es que la experiencia de empezar publicando gratis puede ser satisfactoria dependiendo de tus expectativas. Su utilidad para conseguir lectores es incontestable, pero no es dinero fácil, y menos si crees que al contrario que el libro físico, el e-book gratuito no necesita de promoción sino que es publicidad en sí mismo. Salvo que una editorial lo haga por ti, hay que estar dispuesto a hacer de editor y manager además de escritor, si no no vale la pena, y comprendo a la gente que desecha esta opción porque sólo le interesa escribir.
Económicamente hablando también veo que se ignora mucho la donación, siendo otro recurso gratuito. En mi caso una donación de cinco euros equivale a los beneficios de cinco libros, y al lector el gasto de menos de la mitad de uno. Son beneficios que yo tampoco esperaba (pensaba que lo de hacer caso al botoncito de Paypal era una leyenda urbana, pero había que probar).
También es una fuente inagotable de feedback y de aprendizaje. No es lo mismo darle el coñazo a tus conocidos para que te lean que tal fuente de lectores neutrales. Mi escritura ha mejorado notablemente desde entonces, así como mis habilidades para maquetar, mi conocimiento del medio en el que me muevo y cómo aprovecharme de él…. Estar al día con veintisiete años también es un plus porque me permite aceptar los cambios sin que me mate la euforia o me convierta en un nostálgico apocalíptico. Los cambios que se están produciendo en el convulso mundo de los contenidos y sus derroteros formarán parte de mi faceta de escritor en lugar de hacerla trizas, por lo que suelo seguir con más atención, por ejemplo, a gente de mi quinta con muchas más letras a la espalda que yo (que empecé más bien tarde).
Lo que sí recomiendo es perder ese miedo ancestral a poner textos en la red, pensando en que algún desalmado lo copie y se haga el negocio, por ejemplo. Hoy los autores tienen un montón de recursos y herramientas a su disposición para darse a conocer, ni siquiera hay que ceder derechos para poner un relato tuyo en la red, caso de que no te vayan las licencias semilibres, ni tienes que hacerlo con todo. Se puede probar sin riesgos. Tener tus textos guardados en un cajón sólo está bien si escribes para ti. Me incomoda mucho pensar que hay escritores mucho mejores que yo desaprovechando ciertas oportunidades.




3 de Agosto de 2008 a las 3:01 pm
Ha estado bien la retrospectiva ^_^
Coincido con lo de la primera y segunda novela eran bastantes ligeras a la hora de leer, yo por desgracia no soy de mucho leer, me aburro facilmente y me falta disciplina para no perder el interes y la primera me la leí en un fin de semana.
Pues nada, sigue como hasta ahora, espero con ganas la tercera parte :D
3 de Agosto de 2008 a las 11:28 pm
Ey, enhorabuena.
Lo único que le falta al modelo Creative Commons es que se conozcan más testimonios de éxito (que ya estamos todos un poco cansados de citar siempre el caso de Cory Doctorow, vaya). :)
4 de Agosto de 2008 a las 9:09 am
Y de autores estadounidenses en general, y de ciencia ficción en particular. Aún han de pasar algunos años para que no sólo un público concreto se ponga a hojear libros en la red. Y para colmo, en España llevamos un atraso de varios años.
Para ayudar a aumentar las ventas del ejemplar en librerías también depende de la gestión que se haga de él (distribución, por ejemplo), lo que hace que me pregunte si funcionaría bien con editoriales pequeñas. Si en mi librería de confianza no veo ese libro que se descarga todo el mundo, ese beneficio se pierde. No digamos ya si aparece en otra en cuya zona no han oído hablar mucho de Internet.