Son curio­sos los extre­mos: en Japón, la presión social sobre cualquiera que se acerque a la mediocridad está a la orden del día. En España, por otra parte, existe una patente de corso para linchar, al contra­rio, al que destaque mediana­mente en cualquier cosa, no diga­mos ya si además se hace popular. No es ninguna sorpresa, y no quiero hablar del tópico –real– de la España cainita y todo eso, sino de su reflejo en la red, que en mi opinión va mucho más allá del fenómeno troll.

En materia de actualidad –sobre cualquier cosa-, por ejemplo, hemos creado un podio mental. En ese podio imagina­rio coloca­mos a cualquier persona que diga algo – en el periódico, en televisión, en la radio, en la red…-, y aunque a lo mejor sea una declara­ción sacada de contexto hecha a un colega cuando hacía footing, le imagina­mos pregonándolo a los cuatro vientos como si estuviera en una rueda de prensa o en un mitin político, en posición de supe­rioridad. Y ahí se nos llevan los diablos. Pero qué se cree, pensa­mos. Entonces llega nuestra parte favorita, el linchamiento. Ha salido en los medios o de algún modo ha destacado en algo, o tiene cierta popularidad. Esa es la carta blanca, le tene­mos ahí atado de pies y manos en nuestro podio imagina­rio, a nuestra merced, para poder hacer con esa persona lo que queramos.

Así que procede­mos al lanzamiento masivo de tomates. Tal era la predisposición que se nos sale la bilis ante cualquier cosa que poda­mos sacar de contexto, casi siempre relativa a las formas. Por cualquier palabra que suene más fuerte que otra, la persona es una prepotente, insensible, arrogante, fascista o vete tú a saber. Con el ano­nimato de la red –que no tiene culpa de nada-, esta­mos además en nuestra salsa.

Ponga­mos un ejemplo práctico de un blog personal imagina­rio de un tal Pepito Rodríguez al que, cosas de la vida, le leen mucho por sus posts gastronómi­cos sobre el marisco:

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Pepito y el pescadito, mi blog

Entrada:

Con lo que me gustan las gambas rojas cada vez que paso por las costas mediterráneas, y joder, me dicen que no hay… ¡Porque no están en época!, como la sandia oiga. Y es que según un estudio de la prestigiosa Bubba Society, resulta que este tipo de gambas también tiene, por un asunto de corrientes marinas que podéis leer más detallada­mente en el enlace, una especie de migra­ción cada tres años que hace que repentina­mente des­aparezcan del mapa. ¡Hay que joderse! ¡De lo que se entera uno!

Comenta­rios:

fulanito: Sandía lleva tilde, cenutrio.

Menganito: Me parece increíble la frivolidad con la que habla usted de fenómeno de la gamba roja. Por si no lo sabe señor Rodríguez, muchos pesca­dores y comercios han cerrado por culpa de su desa­parición. Debe­ría caérsele la cara de vergüenza, maleducado.

Pasaba por aquí: Aún no has respondido al comenta­rio que te hice en tu post de hace dos años y medio “Por qué el mejillón me da arca­das” y en el que te dejaba en evidencia, pero es lo que tiene lanzar la piedra y esconder la mano.

Papiroflexia: La culpa, como siempre, de Zapatero.

Charli99: Ya está otro imbécil oportunista. Después tene­mos a to quisqui preguntando por la puñetera gamba roja, como si en el mediterráneo no hubiera otra cosa. Debe­ría cuidar su responsabilidad como medio de comunicación.

DePunicher: Mucha gamba mucha gamba, pero al percebe que le parta un rayo. Algún día nos tendrá que contar qué intere­ses tiene con la industria de la gamba.

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Todos los comenta­rios tienen algo en común: ninguno habla de la gamba roja y sus idas y venidas, que es de lo que va el post. Como dije antes, va casi siempre ligado a las formas sobre el contenido. En España hemos hecho de la corrección política el principal cercena­dor de lenguas en cualquier medio, y la principal causa de envenenamiento de cualquier debate. Lo curioso es que algo relativa­mente nuevo como es el blog no nos haga cambiar el chip. No acepta­mos que un blog sea personal y poda­mos decir cualquier cosa al contra­rio que en otros medios que tienen otras reglas. El comenta­rio tipo su responsabilidad como medio de comunica­ción lo he visto real­mente por ahí. ¡En un blog!

Pero esto lo hemos tenido que aprender de alguien. La respuesta es, de nuestros políti­cos. Nosotros no les pedimos mucho a cambio de dejar­les hacer cualquier cosa con este país, nos conforma­mos con que nos dejen lanzar­les tomates a gusto. Y ellos han aceptado encanta­dos, es más, son los prime­ros en insultarse los unos a los otros, y termina­mos imitándoles de formas inimaginables. Hasta en un comenta­rio en un blog sobre cualquier chorrada, saldrá uno que antes nos tuteaba pero que, enervado, ha pasado a llamar­nos de usted, con un discurso caspi-político al más puro estilo “Váyase, señor Cuesta, váyase” que popularizó la serie “Aquí no hay quien viva“.

Otra actitud común es pretender la indefensión del linchado. Aquello por lo que haya destacado o popularizado –real­mente hoy ya da igual con qué grado– le otorga un halo de indefensión. Es gente que no tiene derecho a defenderse, son seres de otra raza, no tienen nada que ver con sus allega­dos. Por eso cuando responden a las críti­cas, nos encende­mos más. ¿Y todavía se queja? ¡Sepa aceptar las críti­cas! Es a lo que nos ha acostumbrado nuestra infame clase política.

Con perdón de los que no entran en el saco –cada cual lo sabrá-, somos unos cabrones reacciona­rios. Y además nos gusta.